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El sexismo es una discriminación social construida desde la idea de la supremacía masculina. Basándose en prejuicios o creencias, considera que hombres, mujeres, niñas y niños no son iguales entre sí, estereotipando sus diferentes actitudes y habilidades. Se perpetúa una jerarquía implícita por la que lo masculino goza de mayor prestigio social que lo femenino, invisibilizando también la realidad de personas intersexuales, transexuales y transgénero. Una socialización sexista no sólo promoverá que niños y niñas se conviertan en adultos y adultas con actitudes machistas, sino que les limitará  a ambos en su libre desarrollo como personas, en tanto que tengan que cumplir con un modelo preestablecido en función de su sexo, debido al mandato heterosexual.

En los primeros años, afectará a la elección de los juegos, ya que se decantarán por aquellos que les gusten, pero siempre que los perciban como propios de su sexo. También influirá en  la elección de las actividades extraescolares; la opción mayoritaria sigue siendo deporte para los niños y danza para las niñas. Cuando sean mayores, la socialización sexista intervendrá también en las decisiones sobre sus estudios,  proyección profesional y vida afectivo/sexual.

La publicidad infantil es la que más radicaliza la diferencia de los roles de género. La razón radica probablemente en el hecho de que durante la infancia, la identidad sexual es uno de los rasgos básicos de la personalidad. Por ello, la publicidad encasilla a la niña como más femenina y al niño como más masculino que sus referentes adultos.

El contenido de la publicidad de juguetes permanece inalterable desde hace años y no se ha adecuado a los cambios, que salvo excepciones, va por detrás de nuestra  realidad social. Influenye negativamente  en la población infantil, no sólo en lo que se refiere a la elección de consumo motivada por lo que ven en la TV,  sino también  en  la construcción de conductas, actividades y actitudes que desarrollará cada cual en su trayectoria vital.

Juguetes para niñas

  • “Mi mamá me mima”: Juguetes cuyo objetivo es inscribir a las niñas en el rol de madres, potenciando su instinto maternal. Son muñecos-bebé que  tratan de conseguir que las niñas asuman la función de cuidar y dar cariño.
    La publicidad se caracteriza por un lenguaje “ñoño y almibarado”.
  • “Las niñas quieren ser Barbies”: La principal cualidad de las muñecas tipo Barbie es su belleza y erotismo. Son el equivalente infantil al arquetipo de la mujer moderna, el modelo a imitar cuando sean mayores. “A través de una infinidad de complementos, la niña puede dotar a su sueño de la personalidad que más le guste. Lo mismo rockstar que directora de empresa y, por supuesto, amante feliz de su compañero masculino”.
  • “Jugando a ser mayores”: Son juguetes que sirven para identificar a las niñas con las funciones que supuestamente les corresponderá desempeñar cuando sean adultas, por el hecho de ser mujeres, encasillándolas en el trabajo reproductivo. Se centran en tareas del hogar: cocinitas, planchas, juegos de limpieza... “La publicidad de estos productos contribuye a una educación sexista de la infancia y ofrece como salida lógica para las niñas el rol de ama de casa”. En este apartado cabe destacar también los juegos de maquillaje y peluquería.

La solución no es ni imponer ni prohibir, pero tampoco debemos caer en el error de descartar los sesgos sexistas existentes  en la elección de los juguetes, considerando  que esas preferencias son espontáneas e innatas. Una clave fundamental es ofrecer nuevos patrones y modelos de relación entre las personas, superando la dualidad de que los juguetes y juegos son "para niños" o "para niñas", animándoles a la exploración de juguetes que socialmente les son vetados tanto a unas como a otros. Si en su entorno próximo reciben  apoyo cuando hacen actividades o juegos asignados al sexo contrario, ese respaldo les reafirmará, limitando el efecto de las burlas o desaprobaciones que puedan recibir fuera de casa. Además, el juego representa una oportunidad para cuestionar dinámicas sexistas como la desvalorización de los roles asignados a lo femenino, como el trabajo  de cuidados de  personas y hogares. Estimular mediante el juego a que niñas y niños aprendan a limpiar, cocinar o cuidar a otros seres, transmitiendo que se trata de una tarea fundamental para la sostenibilidad de la vida, serviría para prestigiar el trabajo reproductivo y la corresponsabilidad.

La coeducación aplicada a juegos y juguetes tiene el objetivo de mostrar nuevos modelos de hombres y de mujeres, construyendo historias que les sirvan de referente en torno a valores positivos como la igualdad y la justicia social. El tiempo que se dedica al juego es un tiempo de aprendizaje, exploración y descubrimiento. Juegos y juguetes alimentan la imaginación, potencian sus intereses y actitudes, definen comportamientos, permiten desarrollar habilidades y fomentan las relaciones con el mundo que les rodea, proporcionándoles estabilidad emocional.

Jugando aprendimos y jugando aprenderán, es por ello, que tanto la elección, como la compra de juguetes merece un momento de reflexión si deseamos contribuir a la construcción de un futuro  más igualitario.